¿Sientes que en ocasiones no entiendes a tus hijxs?

Cuando son bebés y no se expresan a través del lenguaje, suele resultar complicado comprender qué les pasa exactamente y solemos tantear varias opciones hasta dar con la correcta. Con el paso del tiempo y la adquisición del lenguaje parece que vamos logrando otro tipo de entendimiento de lo que necesitan, lo que quieren, lo que les pasa… Sin embargo, acompañando a este desarrollo del lenguaje, suele producirse una explosión emocional, en ocasiones complicada de controlar, y por supuesto de comprender.

¿Cómo comprender a tus hijxs?

Hay una capacidad en las personas que, desde mi punto de vista, tiene una gran importancia para la vida, y más todavía para ejercer como padres. Se trata de la empatía, que la RAE define como «la capacidad de identificarse con alguien y comprender sus sentimientos».

Empatizar con nuestrxs hijxs es lo que nos permite colocarnos en su lugar, entender el por qué de la mayoría de sus actos.

Esto es algo que podemos «trabajar» desde su nacimiento. Si tenemos en cuenta cuáles son las necesidades básicas de los recién nacidos de nuestra especie, nos tendremos que limitar simplemente a cubrir sus expectativas innatas. Contacto estrecho y continuo, alimentación a demanda, calor, protección, ser sostenido y mirado.

A medida que van creciendo, podemos conseguir acompañarles a través de la empatía, si nos paramos a observarles, a conocerles. Cada niño es diferente, tanto su temperamento, como sus necesidades y gustos. Observarles nos permite saber quién son, que esperan del mundo y de nosotrxs.

Si durante los primeros meses hemos permanecido a su lado, hemos satisfecho sus necesidades completamente y se ha desarrollado un apego seguro, cuando alcancen la capacidad de desplazarse, primero reptando, después gateando, y más tarde andando, lo harán sin miedo; sabiendo que estamos presentes y que aunque se alejen, pueden regresar a esa base segura y disponible que somos nosotrxs.

La revolución de la denominada «aDOSlescencia», tan maravillosa y complicada a la vez, puede sobrepasarnos y hasta hacernos olvidar esa empatía que hasta entonces habíamos tenido tan presente.

Respira… ¿Recuerdas tu adolescencia? Tus 15-16-17 años… Pues algo similar vive tu hijx a los dos años, pero con complicaciones añadidas como un lenguaje todavía en formación, las escasas oportunidades que tiene a lo largo del día de tomar sus propias decisiones (solemos tomarlas por ellos), y el propio hecho de ser «pequeño», que en nuestra sociedad e incluso nosotrxs como padres, conlleva que no le demos la misma importancia que si fuese una persona adulta.

Criar no es fácil, nadie dijo que lo fuera, y la paciencia, la calma y la empatía pueden ser tus grandes aliadas.

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