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El movimiento es el núcleo de la personalidad del niño, de donde nacen las capacidades sociales, intelectuales, perceptivas y escolares.

A través de su cuerpo, se va a ir integrando socialmente, interactuando con su entorno, conociendo, aprehendiendo e internalizando el mundo externo a través de sus vivencias corporales y sensoriomotoras.

Los niños que se sienten bien consigo mismos, juegan, exploran y no tienen grandes preocupaciones. Tienen el cuerpo como suyo y lo viven. Se sienten a gusto con su cuerpo porque les ayuda a crear, a explorar y se sienten parte del mundo.

Formar parte del mundo implica movimiento, sensación, sensibilidad, capacidad de tener y ser un cuerpo que quiere, que aprende, que puede.

Cuando el niño puede olvidar la mirada y presencia del adulto, experimenta en su juego el placer que le ofrece su cuerpo, arrastrándose, estirándose, girando en vertical, horizontal, tirándose desde distancias diferentes, sabiendo que siempre está seguro.

En los grupos de juego y movimiento libre el niño va a vivir todas sus posibilidades corporales en el movimiento, a partir de su deseo de forma positiva y placentera, así como las emociones y los conflictos en su relación con el medio, expresados simbólicamente.

Este juego y movimiento es muy importante en la prevención de trastornos psicoafectivos y motores del niño, causantes de la mayoría de los problemas escolares posteriores (dislexia, dislalia, fracaso escolar, etc.).

Cuando la exploración no ha sido amplia, y no se le ha permitido al niño que su cuerpo pueda buscar los objetos, trasladarlos, colocarlos, y formar estructuras con ellos, es muy difícil centrar la percepción, algo necesario, que le llevará a registrar elementos que para la lectoescritura y el dibujo son imprescindibles.

El niño pequeño que ha podido moverse por el espacio, que ha tenido sus momentos de quietud y de excitación, que ha explorado los objetos que le rodean, etc., será un niño capaz de explorar, investigar, reconocer y expresar aquello que el aprendizaje le va proporcionando.

Es a través de su cuerpo en movimiento, en relación con los objetos, con el espacio, consigo mismo y con el otro, como tomará conciencia de sus posibilidades y limitaciones.

En la primera infancia se favorece:

-La creación de vínculos de apego con aquellas personas con las que se relaciona.

-La exploración del espacio y los elementos.

-La calidad de movimiento, las capacidades de su cuerpo y la posibilidad de perfeccionar movimientos, apoyos, posturas y desplazamientos.

-La comunicación y relación que se da a través del juego.

-El reconocimiento de normas. Descubren límites.

-La expresión de sus emociones a través de la expresión corporal.

-Superan obstáculos.

-Favorece la creatividad a través del juego.

-Les ayuda a conocerse y generar una identidad (descubrir quiénes son).

En concreto, a través de estos grupos se pretende crear un espacio de confianza para familias y niños, en el que estos últimos se puedan mover y desarrollar sus capacidades libremente, sin directrices y con el objetivo principal de descubrir y conectar con su cuerpo desde prácticamente el inicio de su movimiento.

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