Los despertares nocturnos chocan con el deseo adulto generalizado (padres, pediatra, sociedad), de que nuestrxs hijxs duerman toda la noche; la llamada consolidación del sueño nocturno.

La pediatría tradicional occidental nos ofrece en ocasiones recomendaciones que distan totalmente de nuestra realidad diaria. Pautas como que a los seis meses ya deberían dormir en su propia habitación y ser capaces de conciliar el sueño por sí mismos, o que si siguen durmiendo con nosotrxs no les vamos a conseguir sacar nunca de nuestra cama, no tienen ningún sentido ni base que los sustente.

Pero, ¿qué son los despertares nocturno y por qué se producen?

Los despertares nocturnos forman parte de la estructura “normal” del sueño infantil. Es decir, los bebés y los niñxs pequeñxs se despiertan, y los padres tenemos que asumir que esa es la realidad y que muy probablemente esos despertares y su estructura del sueño, diferente a la del sueño adulto, va a interferir e impedir nuestro descanso (tal y como lo teníamos concebido antes de ser padres).

Los despertares se producen normalmente en la transición de una fase a otra, algo que también nos ocurre a los adultos, pero que nosotros sin embargo sabemos manejar a la perfección; nos damos media vuelta y seguimos durmiendo.

En su caso, la incapacidad de gestionar estos despertares hace que se despierten y que necesiten que les ayudemos a conciliar el sueño de nuevo.

Además, se trata de un mecanismo natural perfectamente consolidado, que en bebés muy pequeños evita que sufran hipoglucemias. El reducido tamaño de su estómago les obliga a comer muy a menudo, y además en el caso de la lactancia materna, estas tomas nocturnas son imprescindibles para que la producción de leche sea suficiente y para un correcto establecimiento de la lactancia.

Este mecanismo natural tiene además el objetivo de comprobar la seguridad del entorno. Para un bebé de nuestra especie, la seguridad está junto al cuerpo de su madre (o uno de sus cuidadores principales en su defecto), por lo tanto, estar alejado de ésta supone peligro, y es a través de estos despertares como comprueban si su cuidador/a está todo lo alerta que debería.

Otras funciones de los despertares nocturnos son la termorregulación de un cerebro en constante crecimiento y la prevención de que se formen conexiones neuronales anormales.

Además, también se pueden producir despertares debido a que esté sufriendo algún tipo de enfermedad o molestia que afecte al sueño (mocos, catarro, dermatitis, reflujo, etc.) o alguna de las llamadas “enfermedades del sueño” (parasomnias: terrores nocturnos, pesadillas, bruxismo, adormecimiento brusco, síndrome de piernas inquietas, etc.).

La crisis de los 6 meses

En torno a los 4-6 meses, es habitual que algunas familias nos llevemos las manos a la cabeza pensando que algo le ocurre a nuestro bebé. De repente empieza a despertarse mucho más, justo cuando parecía que estábamos empezando a descansar todos mejor.

Pues bien, es normal. Es en torno a esta edad cuando nuestrxs hijxs adquieren todas las fases de la estructura del sueño adulto y pasan de contar con dos fases de sueño a cinco, lo cual supone más posibilidades de despertares nocturnos entre éstas.

¿Hasta cuando va a seguir despertándose?

No lo sabemos. La evolución de cada niño es totalmente diferente, así como su temperamento y el entorno que le rodea. Las estadísticas nos dicen que un 20% de niños de 2 años y un 10% de niños de 4 años sufren despertares nocturnos.

Las crisis por angustia de separación, que suelen darse en torno a los 8-12 meses, a los 18, a los 24 y a los 36 meses, aproximadamente, suelen generar un sueño más inquieto y el número de despertares suele aumentar, así como en cualquier momento en el que nuestrx hijx pueda sentirse insegurx por cambios en su entorno más cercano o viva situaciones que puedan generarle inquietud (mudanza, llegada de un/a hermanito/a, conflictos en casa, fallecimiento de algún ser querido, inicio del cole, control de esfínteres, etc.).

¿Qué podemos hacer al respecto?

Lamento no tener soluciones mágicas; ni yo ni nadie las tiene, aunque os pretendan contar otra cosa.

Algo que puede facilitarnos mucho la vida es favorecer la cercanía a la hora de dormir. De este modo podemos atender a nuestrx hijx de forma inmediata  e incluso conseguir que el despertar no sea total sino parcial y vuelva a conciliar el sueño más o menos rápido. Además esta cercanía evita que tengamos que estar constantemente levantándonos para atenderles en la noche.

Favorecer un buen ambiente a la hora de dormir (confort, tranquilidad), un descanso diurno adecuado (eliminar siestas genera un peor descanso nocturno. Es importante que durante el día descansen lo que necesiten), y una rutina de buenas noches que les relaje y facilite esa previsibilidad que tanto les tranquiliza, son pilares fundamentales para acompañarles en este proceso evolutivo que es el sueño. Además de muuucha paciencia, empatía y mucho mucho amor.

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