Parece que hoy en día se va haciendo más generalizado el pensamiento, la certeza, de que la lactancia materna es lo mejor para nuestros bebés y para nosotras como madres.

¿La única opción? No, por supuesto, la lactancia artificial sigue estando ahí, y para algunas familias es su «mejor opción». Pero si pusiésemos en una balanza ambas formas de alimentación, la vencedera sería sin duda la lactancia materna, tanto a nivel de composición y nutrientes, como a nivel emocional y de relación entre madre-bebé.

Pero es lógico, ¿no? Es lo que la naturaleza ha previsto para nuestra especie, y como habrás oído más de una vez, la naturaleza es sabia. Lo complicado es salir de este hábitat natural, ir «contra natura», y esperar que esto no tenga ningún tipo de repercusión.

El problema con el que nos encontramos en la actualidad es la falta de cultura sobre lactancia materna. Y con cultura me refiero al «conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico». Si tienes la certeza de que la lactancia materna es lo mejor porque lo has leído, te lo ha dicho tu matrona, lo afirman expertos renombrados en el ámbito de la crianza y además te lo ha recomendado tu mejor amiga; pero nunca, jamás, has visto amamantar (o lo has visto de forma inconsciente), todo se complica.

Sí, la lactancia es el sistema de alimentación establecido por naturaleza para nuestras crías, pero no es instintivo, lo siento. Aprendemos a dar el pecho por imitación. Y si no tienes a quien imitar, ¿qué pasa?

Recuerdo una historia que nos contaron en una conferencia sobre una gorila en un zoo cuya cría murió a los días de nacer, debido a la incapacidad de su madre de amamantarla. Haber vivido en cautividad y no haber tenido a quien imitar para dar el pecho, hicieron imposible que supiera qué hacer. Cuando nació una segunda cría, los dirigentes del zoo solicitaron a un grupo de lactancia de la zona que una madre lactante se personase allí para que la gorila pudiese observarla. Y efectivamente, esa cría sobrevivió gracias a la imitación que hizo la gorila de esa madre.

Los grupos de lactancia se han multiplicado los últimos años, y es probable que si acudes a uno de ellos, escuches comentarios de tu madre, tu suegra o mujeres de generaciones anteriores, del tipo «Pues en mi época no hacían falta grupos de éstos». Este tipo de comentarios son extrapolables a cualquier grupo de crianza, a la compra y lectura de libros relacionados con la maternidad, la paternidad y la crianza, a contratar a una asesora de lactancia o porteo, etc.

Es cierto, en su época «no hacían falta» porque no existían, y por lo tanto ni se planteaban estas alternativas. ¿Sabes cuánto tiempo te dió el pecho tu madre? Ser madre lactancte en los años de «la cultura del biberón», era cuanto menos complicado.

Probablemente si hablásemos con nuestras abuelas, o en algunos casos, con nuestras bisabuelas, sí sería real eso de que estos grupos, libros y asesoras no eran necesarios. Existía la cultura de la lactancia materna. En su caso, dar la teta era lo normal y formaba parte del día a día. No había que estudiar ni acudir a grupos para saber cómo hacerlo, aprendían por imitación.

Hoy en día necesitamos empoderarnos, como mujeres y como familias, ganar esa confianza que perdimos por el camino. Volver a lo fundamental, ser conscientes de quiénes somos y de nuestra biología.

 

¡Suscríbete!

Y te regalo un planificador de vuestro presupuesto familiar.

Ser consciente de vuestros gastos es el primer paso

para reducirlos y emplear el tiempo en lo que más quieres.

¡Gracias por suscribirte!

Share This