La primera solicitud de excedencia a mi empresa fue de un mes.

No era suficiente, no era lo que mi hijo y yo necesitábamos, pero era algo más.

Tiempo para pensar nuevas estrategias, nuevos caminos para reconducir aquella situación y conseguir más tiempo.

El bien más preciado desde que me convertí en madre es precisamente ese, el tiempo.

Cuando tienes hijxs, vuela más que nunca, implacable, sin remordimientos ni compasión.

Y ellxs crecen, cambian, aprenden.

Y tú bebé deja de serlo.

Conseguir más tiempo se convirtió en mi objetivo principal desde que finalizó mi baja de maternidad.

Y el tiempo, aunque no debería ser así, vale dinero.

Dinero que dejas de ganar, y por lo tanto dinero que no tienes para gastar.

Y es en situaciones como está, en las que de verdad estás dispuesta a conseguir algo, cuando el ingenio más se agudiza, cuando se te ocurren recursos y alternativas que jamás habrías llegado a plantearte.

Un mes se convirtió en dos, y más tarde en seis. Amplié hasta el año, hasta 18 meses, y finalmente el máximo de la excedencia por cuidado de hijxs menores de tres años.

Y así, conseguí disfrutarle cada día.

Agotarme y empaparme con su intensidad.

Estar presente en cada conquista.

No te voy a engañar. Si hubiera entendido qué iba a significar separarme de mi bebé tras la baja de maternidad, nuestra situación habría sido otra. Habríamos ahorrado lo que derrochábamos cuando éramos dos.

Pero todo pasa por algo, y por eso estoy aquí hoy, y por eso Exterogestando.

Porque sé que puedes conseguir lo que te propongas.

Porque la vida es lo que tú quieres que sea, con quien tú quieres que sea.

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